Cuando pruebas unos deliciosos caracoles a la llauna en Lleida puede que no seas consciente de que consumes un alimento que cuenta con una larga historia junto al ser humano.

Debes de saber que mucho antes de que aprendiéramos a preparar los caracoles a la llauna en Lleida, los hombres prehistóricos ya los comían, como se evidencia en algunas cavernas, donde se han encontrado gran cantidad de conchas acumuladas.

De la época romana nos ha llegado un recetario llamado "De re coquinaria", donde aparecen cuatro recetas para prepararlos. Fue la primera civilización que los consumió de forma regular y se les atribuían, además, poderes terapéuticos. Plinio el Joven cuenta que Fulvio Lippino empezó a criarlos en instalaciones ideadas por él, llamadas coclearia. Su alta demanda ya no podía ser satisfecha por la mera recolección.

Durante la Edad Media fueron un gran recurso que salvó a muchos del azote de las hambrunas. El Papa Pío V, a quien le gustaban mucho, discurrió que podrían considerarse como peces y así lo decretó. De esta manera, puedes comerlos en la Cuaresma.

Diego Granado los menciona en 'Libro del arte de cocina', que data de 1614, pero la entrada del caracol como una exquisitez en el mundo de la gastronomía fue gracias a dos chefs franceses, el primero de los cuales, Marie-Antoine Carême, fue fundador de la alta cocina. Los preparó de una manera magistral para agasajar al Zar Alejandro I en 1814. Poco después, Jourdain Lecointe los consagró definitivamente como un plato de altos vuelos.

En Francia, Italia y España se consume la mitad de la producción mundial de caracoles, que está en alza. Muchos vienen de otros países, pero se dice que los más deliciosos son los silvestres que se recogen en los viñedos.

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